martes, 26 de mayo de 2020

A Gustavo El Príncipe

Te extraño Gustavo, aunque nunca te conocí, ni en persona, ni en vida.

Seguro que nunca te lo imaginaste, o quizás haya sido parte de tus sueños, pero en algún momento de tu vida no pensaste que fuera a hacerse realidad. Y pues hasta aquí llegaste, y te quedaste en mi mente y en mi corazón.

No tengo una manera de expresar lo que las palabras que dibuja tu voz en el aire me han hecho sentir, en esta época en la que creemos que todo está fuera de control, ahí estás vos, agregándole tu esencia a las cosas de siempre. Vos sos quien me está desenredando hoy, pues con toda razón, esta vida es corta y lo único que nos espera, es la muerte.

Le pido a Dios por tu alma Gustavo, que te tenga consigo, y que estés en paz. Él sabe, que me mandó a encontrarte, porque de todo se aprende, y esta lección que estaba escondida, proveniente de un alma como la tuya, se me abrió paso.

Te debo confesar que por ciertos momentos me entrego a la tristeza, y te veo en tu lugar, advirtiéndonos, "Gózame, gózame hoy que estoy", porque hoy ya es mañana y no estás. Y me doy cuenta que el diamante eras vos, siempre fuiste vos, no necesitabas ningún anillo y además ningún diamante.

Si bien, no te conocí, déjame sufrirte ahora a como no pude gozarte antes. Y aunque sea tarde, Beibi suerte que hoy te puedo amar, aunque hoy no pueda ser correspondida.

Hasta siempre Gustavo, fue un gusto haber conocido tu inocencia, tus penas y alegrías.

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